lunes, 26 de mayo de 2014

Salta, grita, corre, llora, rompe.

Y a veces llega un momento en tu vida enque no sabes que hacer...
Las puerta se cierran, las ventanas se abren incitándote a saltar, a dejarlo todo atrás, a mirar al cielo en busca de ese sol que ya no calienta, de esos pájaros que ya no cantan, en busca de esa luna que ya no te fascina.
A veces llega un momento en tu vida en el que ya no puedes más. Explotas, y salpicas todo lo que tanto esfuerzo te había costado construir con pedacitos rotos de ti misma, con todo lo malo que hay en ti.
A veces llega un momento en la vida en el que ya nada te consuela, ni el abrazo de un amigo, ni las palabras de un padre, ni el dinero, ni el placer, ni los logros, nada.
A veces llegan momento en la vida en el cual no quieres ver a nadie. Ni siquiera a ti. Los espejos acusan, los ojos acusan, los gestos acusan, y te sientes en una mesa de interrogatorio con todas las pruebas en tu contra y un cartel de culpable grapado en el pecho.

Salta, grita, corre, llora, rompe... Da igual lo que hagas, porque esa sensación jamás desaparecerá. No hasta que tú misma te limpies la sangre de los codos y las rodillas, te seques las lágrimas, te mires al espejo y empieces a aceptarte, y más adelante a quererte.

Porque no se puede amar lo que hay fuera de uno mismo sin amarse a uno mismo en primer lugar.

A ver la vida pasar.

Ella se sentaba en el parque a ver pasar las horas. Se acurrucaba en un rincón de su mente a ver como las hojas se caían de los árboles. Cómo los esquemas se rompían, la gente iba y venía. Ella se sentaba en el parque a ver la vida marchar, a dejarse llevar sin moverse. A viajar a la luna sin mover los pies del suelo. Ella se sentaba en el parque a morir.

Él se pasaba horas en la ventana, asfixiado entre cuatro paredes, pero sintiéndose libre como un pájaro. Alzando la vista al cielo y fijando la mirada en el suelo. Él se sentaba en el alféizar de la ventana a ver los pájaros volar, las personas correr, los gatos pelear y las nubes pasar. Él se sentaba en la ventana a morir.

Las vidas que vivimos, y las vidas que pudimos haber vivido. Cada decisión que tomamos no significa elegir uno de tantos caminos, sino rechazar el resto de vidas posibles que podríamos haber vivido. Sentarse a ver la vida pasar es fácil, sencillo, no hay complicaciones, no hay que tomar decisiones ni elegir. Sólo hay que sentarse a mirar. La vida a veces es demasiado complicada, otras es tan simple que asusta. Buscamos la felicidad en cosas grandes sin saber que en realidad se encuentra en las cosas más pequeñas. Nos gastamos un fortuna en un regalo a nuestros padres una vez al año cuando ellos seguramente lo único que piden es que nos acordemos de ellos de vez en cuando. Que los llamemos para ver si están bien. Ellos no quieren una corbata o un perfume. Ellos quieren amor. Pero es mucho más simple pagar por algo el día de la madre que hacer que el día de la madre sean todos los días.
Cada persona es un mundo y cada circunstancia hace a cada persona única. Pero, ¿quién es feliz? ¿Quién sabe lo que es la felicidad? Nadie. Puedes tener momentos felices, días espléndidos, despertares perfectos y noches maravillosas. Pero siempre llega una nube y con ella la inminente tormenta. El problema es que a veces, cuando realmente avistamos la felicidad, levantamos la mirada al cielo instintivamente en busca de esa nube. Eso es lo que más desdichados nos hace, no poder apreciar los verdaderos momentos de felicidad por el miedo a que se esfumen.

Es muy fácil ver la vida pasar. Pero vivir sin elegir es morir en cada intersección que nos pone la vida. Vivir sin saber qué es lo que quieres es morir con cada decisión que no tomas. Elegir es difícil, vivir con la decisión que has tomado es necesario, aceptar los errores y aprender de ellos, no dejar que se hagan con el control, eso es empezar a aprender a aprender. 

No soy más que una niña que apenas ha vivido un tercio de su vida, pero si de algo sé es de decisiones. De buenas y malas decisiones. De arriesgarlo todo por un sueño. Y jamás me arrepentiré de una decisión que tomé. Si salió bien, porque fui feliz. Si salió mal, porque aprendí.


El problema no es una mala elección, ni siquiera la pregunta en sí, sino la incertidumbre y la duda que ha provocado que esa pregunta aparezca.

sábado, 26 de octubre de 2013

El sueño de una tarde de Otoño.


¿Qué se te ha pasado por la cabeza nada más levantarte? Quizá ha sido la letra de una canción, una melodía olvidada, el fragmento de un sueño o un nombre. Quizás ha sido algo que tenías que hacer, algo que no hiciste, algo que dijiste o que quieres decir.

Quizá te has levantado pensando en que era ese sonido tan relajante, y te has dado cuenta de que era la lluvia en el cristal, la respiración de la persona que tienes al lado o la ausencia de la misma. Quizá te has levantado notando frío en la espalda sin darte cuenta de que otra vez has tirado la manta al suelo en un sueño. Quizá has notado calor, quizá dolor por una mala postura o la vibración de un teléfono dándote los buenos días.

Quizá has sacado un pie de la cama o quizá te has vuelto a queda dormida. Igual ni siquiera recuerdas haber abierto los ojos. Tal vez te has levantado sin recordar el sueño, pero con la sensación de que ha sido una pesadilla, o un buen sueño. Quien sabe, quizás incluso has pensado en unos ojos al abrir los tuyos, en una boca al bostezar, en unas manos al estirar los dedos.

Tal vez hayas dormido poco, tal vez hayas dormido mucho. Igual has dormido demasiado y por eso estás tan cansado.

De todas formas seguramente ni siquiera recuerdas como te has despertado, al igual que nunca recordamos el momento exacto en el que nos dormimos.

¿Quién no ha pasado noches en vela tratando de recordar el último segundo antes de caer inconsciente? Y eso que es una pérdida de tiempo, pero todos hemos sido niños, todos hemos pensado que podíamos comprender y manipular nuestros sueños.

¿Quién no ha soñado alguna vez que volaba, que estaba en una cita con la chica o el chico de sus sueños, que podía nadar como un pez, que era un mago, que había una guerra, un apocalipsis, un cuento de amor?

Los sueños, sueños son, pero sin ellos y sin ese rato que pasamos dormidos, la vida sería demasiado. Algunos dicen que no hay que dormir, que ya habrá tiempo cuando estemos muertos, pero yo creo que hay que soñar, que no nos sobra el tiempo para cumplir nuestros sueños. Hay que aprovechar cada minuto, cada oportunidad que se nos da de hacer las cosas bien, en ocasiones, y hacer las cosas mal, equivocarse, ser feliz y luego llorar.

Porque si lloras después de haber sido feliz, al menos tendrás algún bonito recuerdo que haga que quieras mantener la cabeza alta y una sonrisa pintada en la cara. Pero si llorar y luego eres feliz sabrás que mereció la pena.

Un amor para toda la vida y cadenas, o la libertad de la soledad.

Un frío amanecer o una noche cálida.

La vida consiste en tomar decisiones, escoger salidas y caminos, derrapar y mirar atrás o jamás arrepentirse de los pasos dados. La vida consiste en escuchar y hablar, en reír y en llorar, en ser feliz y en sufrir, en amar y en odiar.

No hay luz sin oscuridad, ni oscuridad sin un ápice de luz. Cada uno tenemos nuestro propio tono de gris, nadie es completamente blanco ni completamente negro. Somos la mezcla de nuestros actos, nuestros sentimientos, nuestras palabras y nuestros pensamientos.

Somos sueños que seguramente nadie recuerde al despertar.

Pero sí, merece la pena soñar.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Como el gato y el perro...


A veces fallo, sabes, no soy perfecta, querías que escribiera sobre ti y aquí están las letras, tantos detalles tantas historias y tantos recuerdos que no quiero que acaben en la basura como muchos de ellos. Y me preguntas que si quiero irme contigo, por supuesto, a quien no le gusta perder la cabeza en un momento, a quien no le gusta que le digan cosas bonitas, lo siento por las cicatrices, por si pican. Yo nunca quise hacerte daño, nunca fui perfecta, tal vez sea una borde o una cría, pero estoy cuerda y se lo que hay se por lo que me levanto cada día y lo que tengo que defender con dientes y uñas todavía. Nunca he cambiado, tal vez me volví escéptica, quien sabe. Cerré mi corazón, pero tu encontraste la llave y no quiero que me odies por esto, por tratar de ser yo misma y no hacer caso al resto. Sabes que he confiado en ti más que en ninguno, y mira que lo detesto, yo con mi mierda, ya lo sabes, nadie es perfecto, pero déjame al menos darte una explicación, pedirte perdón, este corazón roto no quiere un adiós. Y quizás no lo entiendas, ya me quité la venda. Demasiado madura para mi edad, y no sabes lo que pesa. Quizás no me busque la comida, pero he vivido sin amigos y me ha dado la espalda hasta mi familia. Quizás fue un error, elegí mal las palabras, no soy yo, eres tu, me descolocas cuando ladras, cuando me prometes libertad y una nueva vida… al final haces que odie la mia. Y se que esto no sirve de nada, a veces quiero que te rindas, porque creo que necesitas a alguien, y no soy yo misma. Yo ya estoy amaestrada, domesticada y dócil, lo siento, nunca te lo he puesto fácil. Perdóname por no responderte, no sabes el daño que hace no poder decirte que quiero verte, no poder hablarte a la cara por miedo a perder el control, por miedo a equivocarme y tener que decir adiós. Se que me odias y es normal, yo también lo haría, solo soy una niñata que dice tonterías. Pero quizás no entiendas lo que en mi provocas, es un caos cuando se juntan un loco y una loca. Joder, seguro que te ries leyendo esto, pero es que no merezco la pena, si es que no merezco ni un gesto. Quizá sea lo mejor, que sigas por tu lado. Lo siento por no aceptar tu regalo. Si es que no tengo palabras, como siempre. Si es que es hablar contigo y tengo que susurrar entre dientes. Pero es que apenas te conozco y no se ni como hablarte… solo intenté ser yo misma, lo siento por molestarte.
 
 
En el fondo sabes que siempre has sido mi punto débil.

Dibujando sueños en tu espalda.

 
Quieres que te cuente por qué escribo.
Piensas que vas a conocerme sin dejar de mirar tu ombligo.
Pretendes entenderme sin mediar palabra.
A veces la puerta no se abre con un abracadabra.
Dejé de odiar el día que aprendí lo que era el odio, que al final solo desgasta, como el lápiz el folio. Que al final solo hace daño al que lo usa, y que nunca ha sido un arma, más bien es una excusa.
Aprendí que el odio al amor era más bien rabia, de la gente que no entiende cómo se puede hablar sin palabras, de la gente que se ha cansado de buscar medias naranjas y solo busca tangas debajo de las faldas.
Soñé que me moría y desperté sin saber si era cierto, si quizás había llegado a vivir algún día. Seguí llorando cada día por dentro, porque es mi imaginación la que no me deja tragar mentiras.
La gente falsa, a patadas, la gente buena a ostias con el mundo por tratar de hacerlo un lugar más culto. Porque si hay algo que mata personas es no saber, y la ignorancia del quererse defender sin entender palabra. Ya nadie habla, ya nadie ama, la gente solo se junta para ocupar el otro lado de la cama. Para no sentirse solos cuando llegan a casa, y claro, un perro a veces cansa.
Tantos divorcios, tantos cuernos, tanta venganza, y total para que, al final lloré más yo que él. Y es que hemos aprendido a vivir sin normas morales, con cuentos sin finales, sin metas ni puertas, solo bozales.
Acaso crees que me conoces, y qué sabes de mí, que un día fui feliz y que ya no puedo volver allí. Ya no soy la niña a la que impresionabas con palabras, ahora soy la mujer que te muerde si le ladras.
Me dicen que soy infantil, nunca me llamaron inmadura. Si no entiendes la diferencia, necesitas ayuda. La vida se compone de las cosas que nos hacen felices, de los delices, de los caminos y de nuestras cicatrices.
Que hace tiempo que no escribo es un hecho, y es que ya no puedo soportar este yunque en el pecho. Y es ya apenas consigo respirar y defenderme, tanta gente atacando sin saber que es lo que sienten.
Nunca dejé de ser yo misma aunque dejé de ser cualquiera, gente que me conoce de toda la vida me dice que he cambiado, qué más quisiera. Le gente no cambia la gente madura, no puedes odiar a una niña por querer resolver sus dudas.
La ignorancia es lo que hace que me llaméis zorra a las espaldas, que la gente crea en Dios, que sigamos necesitando armas. La ignorancia es lo que hace que tengamos miedo, la ignorancia es lo que te impide separar los pies del suelo.
Deja de gritar que nadie te escucha, tu no aprendiste en la calle, aprendiste en la ducha. No te quejes tanto, la vida da siempre decepciones, no queda Tipex para tantos errores.
Las calles llenas de falsos, ya ni se ven las estrellas, o quizás sí pero ya nadie se fija en ellas. O quizás no, por la cantidad de mierda en el aire. ¿Contaminación? No, creo que se llaman cobardes.
                                                           
 

viernes, 1 de marzo de 2013

La filosofía se muere.


La filosofía está en peligro de extinción.
La moral se muere.
Los corazones se pudren.
Los cerebros duermen.
 Y los principios están con la etiqueta, sin estrenar.
La filosofía está en peligro de extinción. Hemos creado leyes para suplantar la falta de moral que nos caracteriza. Tenemos miedo y vivimos acurrucados tras la espalda de figuras que creemos invencibles. Abogamos por una sociedad justa y digna las mismas personas sin valores que miran hacia otro lado cuando ven la injusticia en las calles y en los corazones. Somos humanos sin humanidad. Hemos creado una raza autodestructiva que acabará por aniquilarse así misma entre susurros agónicos. Tememos alzar la voz, a pesar de saber que nadie va a escucharnos por muy alto que gritemos. Vivimos con miedo, con miedo a vivir. La ética y la filosofía son viejos libros guardados en estanterías que ya están olvidadas. La gente no piensa, porque pensar implicaría darse cuenta de que todo va mal. Nos pasamos el día mirando la tele, porque preferimos ver los problemas d otros y centrarnos en cosas ajenas a nuestro propio dolor, creyendo que así desaparecerá. Ignorantes. Ojos que no ven, corazón que no siente. Corazón que no siente, sociedad sin ética. Hemos dado de lado todo aquello por lo que el hombre luchó cientos de años, entre ello, la libertad. Nos creemos libres. Libres de elegir el color de la venda que nos tapa los ojos. Libres de escoger el grosor de la soga con la cual nuestra economía nos asfixia cada día más. Es triste pensar que lo que mueve el mundo ya no es el amor, sino el dinero, si es que el amor ha llegado a mover algo en algún momento de la historia. El dinero. Habráse visto cosa más banal, superficial y abstracta que el dinero. A veces creo que el dinero es sólo la excusa que el ser humano ha puesto para matarse unos a otros. Otras veces me doy cuenta de que es simplemente el arma que usamos para hacerlo. Vivimos sin ser nadie, y morimos siendo pasto para los gusanos. Nuestra mera existencia parece un mal chiste. Creemos que pensamos, pensamos que vivimos. Pero ni siquiera en la muerte encontramos la solución. Huimos de nuestros problemas. Hasta la Luna se va alejando cada vez más de la Tierra, y no me extraña, porque damos asco. Sociedad automática, sin moral ni principios. Todos buscando finales felices y nos olvidamos de buscar los principios que en realidad mueven el mundo. Hemos creado leyes, montones de libros de leyes, para suplantar nuestra falta de moral y principios. Si dicha moral funcionase no habría necesidad de establecer normas. Si consiguiéramos tener un poco más de corazón y un poco menos de estómago, nuestra propia ética nos llevaría a actuar justa y correctamente. Pero no. Ni de lejos es el caso. Así que nos refugiamos tras normas que acatamos sin rechistar. Normas creadas por gente sin conciencia. Ningún ser imperfecto puede crear perfección, y las leyes son un claro ejemplo. Acatamos normas, nos vestimos por modas y callamos lo que no quieren que se diga. Hemos creado nuestra propia dictadura global. El mundo es movido por un elemento etéreo, como es el dinero. Nuestros corazones se mueven al compás del miedo que nos provoca actuar. Y nuestra mente vive dormida, ajena a lo que ocurre, centrándose en llevarse algo a la boca, algo que jamás nos llena. Hemos creado drogas, porque quizás necesitamos ser adictos a algo, o por el miedo a ser autosuficientes. Jamás salimos del vientre de nuestras madres, tenemos un cordón umbilical que nos tiene atados a la sociedad que ya ni nos alimenta, ni nos da calor, ni nos ofrece un hogar, ni siquiera nos resulta familiar. Tomamos la política como una especia ajena a nosotros mismos, sin darnos cuenta de que nosotros elegimos a esas mismas personas que se lo están llevando todo, que se están llevando lo que es nuestro. Vivimos dormidos, creemos que despertamos cada mañana, pero nuestro corazón hiberna y nuestra mente jamás ha despertado de su largo sueño. Un sueño que no sabemos en qué momento se implantó en nuestro cerebro, y que juraría que viene de fábrica de no ser porque aún creo que se puede pensar. Aún creo en mi misma, aunque haya perdido la fe en Dios, en la sociedad y en la política. Aún creo que una persona puede cambiar el mundo.  Somos seres egoístas. Solo pensamos en nuestro propio beneficio, y en nada ni nadie más. Podréis alegar que os preocupáis de vuestra familia y amigos, pero al fin y al cabo el amor que sentís hacia ellos no es más que el deseo de que si en algún momento os encontráis en apuros ellos vengan a rescataros. Tenemos el síndrome de Peter Pan, de princesa de cuento y de Alicia. Me explico: no queremos crecer, porque crecer implica responsabilidades, y las responsabilidades implican tomar decisiones, y somos demasiado cobardes como para asumir las consecuencias de nuestros propios actos, por lo que elegimos, cobardemente, no actuar. Sufrimos el síndrome de princesita de cuento, necesitamos que nos rescaten, dependemos de cualquiera que nos eche una mano y que nos haga este sueño un poco más ligero. También somos superficiales y arrogantes. Jamás asumiremos nuestra propia debilidad, escondiéndonos tras máscaras perfectamente maquilladas. Tras pieles impolutas y trajes caros, perfumes que tapen el olor a mierda que desprenden nuestras conciencias podridas.  Y por supuesto, el síndrome de Alicia en el País de las Maravillas. Soñamos con una sociedad perfecta, soñamos con soluciones que se nos olvidarían al despertar, si es que despertáramos alguna vez. Esperamos que sean los otros los que nos den las respuestas a las preguntas que formulamos sin cesar, sin darnos cuenta de que las respuestas a tus preguntas solo te incumben a ti, y que cualquier otra persona es diferente a ti mismo, y por tanto, sus preguntas pueden parecerse, pero jamás serán iguales a las tuyas.

Podré parecerte pesimista, pero seguramente soy más optimista que cualquier persona que hayas conocido. Porque aún creo que la sociedad que fue creada por el hombre puede ser modificada por el mismo, y que los errores que hay en ella, que no son pocos, no son sino reflejos de nuestros propios sentimientos. Creo que el cambio es posible y que depende sólo de los individuos. No hay fórmulas secretas que solucionen este nudo, pero creo que ya ha llegado la hora de dejar de apretar si queremos deshacerlo. Creo que ha llegado el momento del cambio, que a esta sociedad le ha llegado su otoño, y ya va siendo hora de que cambiemos las hojas podridas que tenemos por normas, leyes y principios y que florezca la moral que llevamos dentro. Ha llegado la hora de hacer honor a la palabra “humanidad”.
Ha llegado la hora de que la Filosofía renazca. 

martes, 19 de febrero de 2013

Vivo. Muero.


Vivo. Vivo de mis sueños y de las respuestas que creo que voy  a encontrar en ellos. Vivo dormida, aletargada, porque en el mundo hay demasiada belleza para alguien tan humana. Vivo. A veces el día y a veces de noche. Vivo por el miedo a morir, no moriré con miedo a la vida, eso seguro. Vivo, por cada lágrima que derramé y cada sonrisa que esbozo. Por levantarme del suelo tras caer en el pozo. Vivo, porque mis sueños algún día se hagan realidad, por quitarme la venda y llegar a conocer la verdad. Vivo cada día, aunque haya días que sienta que muero. Vivo aunque sepa que eso me llevará al agujero. Vivo por lo bueno, lucho por cambiar lo malo. Vivo cada día como si fuera un regalo. Qué más quisiera. Vivo encadenada a una rutina que me asfixia, rodeada de miradas que me acusan, rodeada de envidia y avaricia. Vivo porque le debo algo más a la persona que dio su vida por mí. Vivo porque aunque no lo demuestre, en el fondo sé que le debo la vida. Porque ella lo dio todo por mí algún día, aunque haya tirado la toalla. Vivo porque todavía hay gente que dice mucho cuando calla. Vivo por los que me señalaron con un dedo y se rieron de mí. Vivo porque mi único objetivo es ser feliz. Todo por una sonrisa, todo por un sueño que quizás nunca llegue a realizar del todo. Por soñar despierta y vivir un sueño cada día más incómodo.  Porque llegue un día en que mi vida deje de ser un monólogo. Vivo porque hay gente a la que un día le importé. Gente que decidió que merecía la pena apostar por mí, aunque ya no estén. Vivo porque hay gente que vive muriendo, y que mueren sin haber vivido. Por esas personas que han caído en el olvido. Porque la muerte es fácil, y la vida es un reto. Porque quiero ser feliz, feliz algún día, feliz por completo. Vivo tratando de no pisar a nadie. Escuchando el silencio que dejé cuando callé. Y si me caigo mientras vivo, lucharé por levantarme. Y si no es contigo, que sea sola, pero no será en balde. Pero a veces, solo a veces, quizá más que sólo a veces, muero.

Muero. Y muero cada día al ver la soledad que reina entre personas que se peinan para aparentar que son perfectas. Muero por el odio que respiro, por la contaminación que hemos creado, y el egocentrismo en el que hemos crecido. Muero al mirar atrás y ver la gente que perdí, esas personas que fueron algo y simplemente, no volví a ver junto a mí. Por todas las personas que me dedicaron una sonrisa y se rieron con mi risa y sufrieron cuando yo estaba en la cornisa. Muero por la prisa que mueve este mundo, por los relojes que hacen más ruido que todos nuestros latidos juntos. Por todos aquellos que siempre llegan tarde, pero muero aún más por todos los que correrán en balde. Muero cada segundo cada día y cada instante por la gente que se sube a los hombros de otro y se creen importantes, que se pisan para llegar alto, y acaban tirándose por la cornisa, muero por la caída en el asfalto. Muero por aquellos que tiraron la toalla y por todo aquel que no reunió agallas para elevar la cabeza. Muero por todos aquellos que viven con la certeza de que lo único importante es lo que tienes y no lo que dejas. Muero, porque vivo esperando la muerte y el día que vuelva a verte esperaré otra vez perderte, esa es mi condena. Vivo con miedo, muero cobarde y sola. Muero cada vez que me dices hola, y ni me miras. Nada importa. Eso decían. Pero todo importa en este mundo, nadie sabe qué rumbo tomar porque vivimos aislados, haciendo bulto. Muero por no ser quien quiero ser, por vivir en un eterno ajedrez, sintiéndome un peón de su juego.  Muero por ser joven y querer ser vieja, muero por ser vieja y querer ser niña, pero no me dejan.

Viviré hasta que muera y después espero seguir viva dentro de toda la gente que un día conocía. Moriré con la cabeza alta y sin lamentar ni un paso dado, sabiendo que mi vida no la manejaron vuestros sucios dados. No quiero ser perfecta en este mundo de cuerdos, quiero ser una loca con las ideas claras y unos bonitos recuerdos. Y si muero mañana espero que al menos mi ejemplo haya ayudado, y que te levantes de ese sillón tan cómodo, vago. Quiero que mires a las estrellas y no al suelo. Que andes buscando sueños, y no consuelo. Que mires hacia arriba buscando estrellas fugaces, que mires al cielo, y nunca agaches la cabeza al suelo buscando dinero. Lo importante no se ve, solo se siente. Así que cierra los ojos y nunca te dejes arrastrar por la corriente. Porque aunque todo parezca estar perdido y tu estés tirado en tu habitación llorando, seguro que hay alguien que te está esperando. Ama como si no hubiera un mañana. Vive como si la vida se fuera a ir con el final de la semana. No cometas errores tontos, no seas impulsivo. Piensa con la cabeza, y no con el ombligo. Llora si lo necesitas, ríe siempre que puedas. lucha por tener voz propia, y no apuestes tu vida a una moneda. Si nos quitan la voz, no nos queda nada. Aunque en el mundo que vivimos importa más la imagen que las palabras. Y es triste que tengamos que vivir siempre con miedo, fingiedo ser perfectos cuando nunca lo seremos. Cuanto más maquillaje más complejos, al final todos somos payason sin maquillaje, aunque nos negemos a verlo. Marionetas manejadas por modas, por tendencias, por olas, por masas de gente, por masas de gente boba. Parecemos ovejas, al redil sin rechistar. Pues yo no pienso pasar la vida viéndola pasar. La inocencia es un regalo, la ignorancia es un crímen, no contra otros, sino contra ti, es asesinar lo que nos hizo libres. Por favor, piensa, nunca cierres puertas, si quieres dale la espalda a lo que te hace daño, pero no te mientas: jamás serás perfecta, jamás serás feliz del todo, pero si quieres seguir ciega, no me preguntes por qué lloro.

Vivo porque no sé qué me espera ahí fuera, porque soy solo una niña a la que le gustan las risas y está cansada de penas. Vivo por salir de esta quimera, por dejar de rezar por alguien que no existe, y empezar a creer en mi propia calavera. Por creer en uno mismo cuando el mundo se vaya a la mierda y dejar de confiar en cruces de madera. Porque si perdemos la confianza en nosotros mismos depositándola en otros, acabaremos siendo presos de esas viejas fotos. Porque vivir con miedo es morir despacio. Cree en ti mismo y deja de pensar en vicios, lujos y palacios. Deja algo de espacio al corazón, los sentimientos no se compran con dinero, tampoco la razón. Muero por vivir con miedo a decir lo que pienso. Muero cada vez que me miras mal por lo que llevo puesto. Muero porque no puedes vivir sin dinero, sin criticar lo que yo espero, sin querer lo que yo quiero, ni retenerlo. Viví creyendo en que mañana amaneciera, en que la vida vale la pena y yo no soy una sirena, si continúo en este mar de lágrimas, acabaré ahogada en mi pecera. Eso no es lo que quiero, quién sabe si es lo que me espera.

martes, 12 de febrero de 2013

Tuyo.


(Borrador)
Nunca fuimos tú y yo, siempre fue tuyo: el amor que sentí y el folio por el que fluyo, el rencor que un día fui y el odio del cual huyo, nunca dejes nada al azar, que es un capullo. Harta de mirar por la ventana a ver las horas pasar, sintiendo que llego tarde aunque no haya plan, sintiendo que me esperan aunque eso haga que me desespere, caminando por este camino hasta que alguien me releve. Los problemas irrelevantes e convirtieron en guerras, guerras del odio, guerras del folio, guerras por dejar mella, querrás ser la estrella y tener el monopolio de las rimas que hoy yo canto como una sirena. Me envenena pensar que un día te irás, que me quedaré sola mirando atrás, esperando que vuelvas y me lleves contigo, esperando a alguien que se desesperó conmigo. Soy complicada, lo sé, nunca fue fácil, para seguirme el ritmo hay que estar ágil. No aprietes mi corazón, porque es frágil y gotea, como si viviera en un eterno Abril que nunca escasea. Mis ojos, un mar, tu reflejo un náufrago, que nada a la deriva presa del pánico. Atado a cualquier mástil por miedo a las sirenas, esclavo de aquella por la que un día habría dado su vida entera. No tengas miedo de la belleza que escondo, ten miedo del mal que guardo en el fondo. De los ojos de loca que un día admiraste, de la boca que profanaste con promesas de desgaste. Mis malas artes y tus malos modales, eterno cómplices, nuevo rivales, en un eterno “Todo vale”. Tus caricias y mis arañazos, a veces cuando necesitas amor te responden a cañonazos, latigazos a base de palabras que duelen, lápidas que sepultan y fiebres que se suben por las paredes. No estoy loca, estoy relativamente cuerda, y como todo es relativo, suma y sigue, igual concuerda.
Escribiendo con calor en los dedos y frío en el corazón, como aquel que sabe que se fue y se niega a decir adiós, como todos los ilusos e inocentes que se dan de bruces con un cristal transparente por falta de luces. Vivimos con prisa, y morimos igual. Acabarás llegando tarde hasta a tu funeral, aunque ya nadie espere verte llegar. Deja pasar el tiempo decían, las heridas curarán solas, aunque aún escocían. No pretendas que el olvido te de ventaja, no soy yo quien reparte esta baraja. 

domingo, 3 de febrero de 2013

Psiquiatra de cuerdos, aprendiz de locos.

(Frases borrador)
Respiro aire, entra en mis pulmones, siento sensaciones nuevas, cosas que jamás creí. Oigo voces, puede que en mi cabeza o en el exterior hoy siento como cada palabra me da coces.

No me roces, hoy no quiero ver a nadie, no quiero sentir caricias, no quiero ser amable. Basta, aléjate de mi mientras puedas. Cierro los ojos y que sea lo que yo quiera...

Buscando en vano, descansando en plano, subiendo a lo alto y cayendo desde arriba porque no me diste la mano. Sonando grave por la voz ronca que me deja el dejarme la garganta en cada queja que exhalo.

No quiero ser un ser humano, quiero ser yo. Una persona diferente, un corazón con voz. Una mañana de primavera, una canción, que deja que tu mente duerma, y despierta tu reloj.


Dejar de lado al que un día te dio la mano. Es fácil mirar por encima del hombro, lo difícil es prestarlo. Las sonrisas son bonitas por si solas, pero para ser feliz, hermano, has de buscar la belleza en la lágrima del que tienes al lado.

Psiquiatra de cuerdos, aprendiz de locos, esa soy yo. No me fascinan los esquemas ni vuestro estúpido roll. Los personajes plano son todos iguales. No me impresionan los buenos, los malos son más originales.

No me va el rollo cordura si me atan el corazón, si me dicen que me quieren diciéndome adiós. Intentaste que cayera en tu trampa, pero mi pequeño tramposo: nunca intentes mentir a un mentiroso.

Quitándome la venda de los ojos, la misma que utilizaste ayer para atarme las manos. Quiero salir corriendo, pero estoy cojo. Mis piernas ya no responden porque están llenas de gusanos.

Muerta no me queda nada, viva no se apreciarlo, en la tumba o en la cama, el tiempo no hay que malgastarlo. Negociando con mafiosos y corruptos en un mundo en el que no es más rico el que más tiene, sino el que hace más bulto.

La cultura a la mierda, los valores a la basura. Tu llora, reina, tu estupidez no tiene cura. Los sueños se volvieron pesadillas, las mariposas de mi estómago chillan, por estar estancadas en nuestra Sicilia.

Necesito salir de este agujero. Recuerdo estar en la playa cavando hondo, tan hondo que no veía el cielo, yo caí primero. Pero tú me copiaste, como siempre. Y ahora estamos atascados en este eterno Diciembre.

Necesito inspiración, una palabra, una canción, un solo verso, una rima, una prosa, una idea, para que el mundo salga ahí fuera y dejemos de guardar nuestros complejos y sueños en cajas de madera.

No creo en erradicar la maldad del mundo. Creo que sin mal no habría bien, pero igual me confundo. No creo en la fama ni el poder del dinero. No es más rico el que más tiene, sino el que sonríe sin factura, creo. 

Dejad de criticarme, no vale de nada. Os juro que para San Valentín tendré coartada.  No me quejo por vicio, peor odio por placer, ¿por el placer que me da verte caer del precipicio? Puede ser.

Empezaré desde el principio cuando llegue al final. Pero a mitad del camino no hay tiempo para rebobinar. No pienso pararme a pensar ni estoy en mi sitio, si cometí errores o si el disparo fue limpio, qué más da.

Dame coces, y tendré herraduras. Insultame, que me la suda. Ya aprendí a lidiar con la cordura. Háblame del hambre en el mundo desde tu Iphone cinco. Quedas más coherente como payaso de circo. Insisto.

Yo no cambio de tema, las circunstancias lo requieren. No pienso en protocolos cuando llueve, ¿tú sí? La belleza no conoce de normas, ni de leyes ni de gomas de borrar, entiende de magia y nada más, mejor así.

Llamadme loca, será un alago. No soy princesa de cuento, soy más tirando al malo. O la que se tira al malo, nunca me ha importado que pasara. Pero lo repito, para ese día tendré coartada.

Odiar es mi estilo de vida, que te joda, el tuyo.  No volveré a dejarme la voz por ningún capullo. Mientras tú te ahogas en ese vaso, yo fluyo. Como el que sabe que lo suyo es no rendirse y seguir. Yo no huyo.

Darme la espalda ya parece un acto involuntario. Que los te quiero lleguen con retraso, será culpa de horario. Tu retraso ya es para dar de comer a parte. Tú tan abecedario y yo tan aprende a amarte.

Amor propio y odio ajeno, misantropía como veneno. Mis antropías como temario y tus esquemas al fuego. No me identifican las palabras que escupo, ni las miradas que esculpo cuando no te mereces ni perder el juego.

Estoy fuera de los esquemas de la vida, de las hienas ya no soy ni comida, perdón por no estar muerta todavía, por no servir de cena a los que tienen la tripa llena y la mente vacía, aunque a rebosar de tanta tontería.

martes, 29 de enero de 2013

Notas musicales, suspensos vocales.

(Borrador)

Que le den por culo al mundo. A él no le importa si me hundo. Si he perdido el rumbo o el norte, si he caído alto o profundo. Este mundo de cobardes con bozales, no somos animales, no necesitamos cárceles, necesitamos modales. Un poco más de empatía, una pizca menos de odio. Más locura en las calles, menos cordura en el folio.  Sí, tengo el monopolio de los sabores amargos, de los tragos largos al ego, que escuece menos si lo bebo. No pretendo esclavizarte con cadenas ni dejar que te pudras en tus cárceles mentales mientras yo aparento estar serena. A quien quiero engañar. Aquí yo nunca fui la buena. Quizá hice locuras por amor, pero me haré la loca si me lo recuerdas.

Notas musicales, suspensos vocales. Decepciones en el folio o en la piel, esa es la clave. Mis puestas de luna y mis soles crecientes, no tienen nada que hacer cuando la locura está ausente.

Quizás mienten, o quizás callan. Solo sé que después de todo no tiro la toalla. Os pasasteis de la raya y solo lo pagué yo. Menos mal que la amistad era cosa de dos, y no un monólogo. Tu tan prólogo y yo tan desenlace. El destino no tiene gracia, lo que cuenta es el viaje. Quieres llegar lejos con tanto equipaje. LA vida no es barata, cada uno paga su peaje. Ponte traje y disimula las ojeras. Las apariencias cuentan, pero los días se restan. Quieres pasar el resto de tu vida echando cuentas y no te das cuenta de que al fin y al cabo, la muerte ya ajustará cuentas, y se acabó. Tengo que continuar, no puedo dejarlo, esta droga que es la música me ha atrapado en su encanto. No digo que sea buena, ni que merezca una medalla. Pero escribo porque si no el corazón me estalla. No me extraña que la gente diga: “Parecía un chico normal”. ¿Acaso os creéis que los malos tienen pintado en la frente “criminal”? Ya estoy harta de vuestros prejuicios y vuestra falta de juicio. De vuestras burlas, de vuestros miedos, de vuestros odios y vicios.

Notas musicales, suspensos vocales. Decepciones en el folio o en la piel, esa es la clave. Mis puestas de luna y mis soles crecientes, no tienen nada que hacer cuando la locura está ausente.

Que de tanto caminar bajo la lluvia se borraron los esquemas de mis noches en vela a la luz de las velas esperando a que pase la noche y vuelva el día porque por la noche nuestros peores temores nos espían. No quiero ser la niña que nunca se equivoca ni la que rompe a llorar por no romperte la boca, por no comerte la boca por no dejar mis alas rotas y parar de intentar volar cuando la altura es poca. No me derrotan las palabras, me vences los hechos. Esas miradas que se clavan en el techo. Esos ojos que ya no me dicen nada. Esas pisadas que antes oía y ahora no se escucha nada. Estoy cansada, de vivir y de estar muriendo. Acabaría con este sufrimiento, pero eso sería cobarde, y antes muerto. Si me equivoco que no digan que no lo intenté, que no me rompí la espalda por besarte otra vez. Por rozar esa piel que antes tan bien conocía, por no buscar esas sonrisas que me daban la vida. Si algún día te vas no me dejes una nota. Prefiero quedarme sola y loca a quedarme cuerda y rota.

 

jueves, 13 de diciembre de 2012

No lo siento.


Los cerdos como tu a la pocilga de cabeza. Me dejaste con la duda tanto tiempo que maduró en certeza.
Hay tíos que merecen una oportunidad y tiempo. Yo soy más de matarte a escarmientos. Y no. No lo siento.

No puedo ser yo misma, basta ya
Las batallas ya no tienen gracias,
Las risas nunca fueron tan amargas.
¿Quieres guerra? Antes tendrá que reinar la paz.
Pensé que eras mi Batman, pero solo eres un ave rapaz.
Venga ya,
me pides que me calle con una sonrisa
 y me echas con prisa porque no quieres hablar.
No siempre voy a estar aquí, quizás ni debería estarlo.
No quiero pasar de página o de libro, quiero quemarlo.
Estallar en mil pedazos lo que siento por dentro,
los sentimientos que no deberían salir a la luz.
¿Tienes miedo? Bienvenido a mi cruz.
No pienso dejar que me robes la juventud.
Yo me beberé una copa a tu salud cuando estés en el ataúd.
Solo me utilizas para lo que quieres, pero me tienes cuando te apetece.
Juegas con mis sueños como Krueguer en un Martes y trece.
No me entiendes, no me miras,
solo me hablabas cuando veías que me iba,
que me perdías, que tu juguete se rompía.

Los cerdos como tu a la pocilga de cabeza. Me dejaste con la duda tanto tiempo que maduró en certeza.
Hay tíos que merecen una oportunidad y tiempo. Yo soy más de matarte a escarmientos. Y no. No lo siento.

Hay cosas que no deberías hacer mientras creces.
Una es intentar romperme el corazón, nada se rompe dos veces
Recuerda mis palabras: Nunca seré tuya.
El que la sigue la consigue, pero tú has conseguido que huya.
Sentirme impotente por no poder controlar los latidos,
 aunque estés lejos, con una palabra sé que tú has sido.
Siempre fuiste el culpable, el cabrón y el hijo puta.
Pero además parece que lo disfrutas.
Que quieres que te diga, me cansé de ser tu mono de feria,
cuando manipulas a una loca, asumes la histeria.
Aunque, si te digo la verdad, disfruto con esto.
Me encanta ver lo manipulables que son hoy en día los cerdos.
Por tu culpa, por tus palabras bonitas,
 por hacerme gritar de rabia y hacer que me derrita.
 Porque odio que me mires mientras te pierdo de vista,
y que examines mi cara para encontrar alguna pista.
No fui la primera, ¿verdad?
Pero si seré la primera que se te resista.

Los cerdos como tu a la pocilga de cabeza. Me dejaste con la duda tanto tiempo que maduró en certeza.
Hay tíos que merecen una oportunidad y tiempo. Yo soy más de matarte a escarmientos. Y no. No lo siento.
Un beso en la comisura de los labios, ¿qué pretendes?
¿Qué me enamore? ¿Qué te llore? ¿Qué estemos juntos para siempre?
Tonterías, tú solo querías follar con una cría
y te daba igual si yo era la víctima o la policía.
Quien lo diría,
pasaste de ser un modelo a seguir a un capullo a evitar.
Pasaste de ser mono a ser un animal.
Pretendes que sea sincera y que te cuente mis penas.
Mira.
Antes que confiar en ti, con este folio me rajo las venas.
Cuántos años me sacas, ¿20?
Cualquiera lo diría,
he visto niños más maduros a los que todavía no les han salido los dientes.
Chico, tú no aprendes.
Con cuántas lo habrás intentado.
No pienso convertirme en tu legado.
Me apoyé en ti por confianza,
me metiste mano por desesperanza.
Mírate al espejo y dime qué es lo que ves.
Yo solo veo a un niño con la cabeza en los pies.

Los cerdos como tu a la pocilga de cabeza. Me dejaste con la duda tanto tiempo que maduró en certeza.
Hay tíos que merecen una oportunidad y tiempo. Yo soy más de matarte a escarmientos. 
Y no. 
No lo siento.

martes, 11 de diciembre de 2012

Naces. Luego te haces.


Recuerdo estar sentada en el parque, sin ver la vida pasar, 
ligera de equipaje y con mucho por andar. 
Recuerdo que tenía libros en mi estantería, 
cuentos que me hacían volar cada vez que los leía. 
Recuerdo tener peluches con los que jugaba, 
a los que cuidaba y a los que dormía abrazada. 
Recuerdo ser feliz. 
Recuerdo que era perfecto. 
Recuerdo ser así. 
Pero ahora todo eso parece un recuerdo. 
¿He muerto?

Al final siempre volvemos al principio, harta de las rimas me pasé a los ripios.
No soy esa niña buena que quería hacer las paces. Naces, luego te haces.


A veces creo que empecé a ser yo cuando dejé de ser cualquiera, 
cuando te dije que no aunque doliera, y fui la primera. 
Miro atrás y no veo un camino, siento que alguien me ha dejado aquí, 
o he caído del cielo, aunque parezca un mito. 
No recuerdo haber llegado a este lugar, siento lágrimas brotar, 
porque solo soy una niña que intentó escapar. 
Pero los días se fueron haciendo más complicados. 
Y a pesar de verme sufrir, tú parecías encantado. 
¿Te he contado alguna vez mi historia?
 No quiero aburrirte. 
No quiero servirte para cinco minutos y un “Tengo que irme”. 
No soy la chica inocente que conociste. 
Ahora he crecido, ahora ves lo que te perdiste.
Maduré a base de ostias y empujones, 
de ignorantes y cabrones, 
no de príncipes y dragones. 
Aunque debo admitir que hubo más de una bruja. 
Pero tú sigue a lo tuyo, sigue viviendo en tu burbuja.  

Al final siempre volvemos al principio, harta de las rimas me pasé a los ripios.
No soy esa niña buena que quería hacer las paces. Naces, luego te haces.


Desde de los doce haciendo esto, escribiendo en el papel, 
historias del ayer, que si lo escribo no protesto. 
Aunque las cicatrices duelan, si soy honesta, sé que te duelen más a ti. 
Eso no me hace sentir bien, pero tampoco mal. Es solo un matiz.
Me llamasteis puta por defender lo que siento. 
Me llamasteis estúpida por creer en algo. 
Me tachasteis de loca por decir lo que pienso. 
Se ve que me tenéis envidia, será porque valgo.
La vida a hidalgo, los sueños a cuestas, 
me jugué la sonrisa a una carrera de galgos, sin saber de que iban las apuestas. 
Siempre fui impulsiva, pero tranquilo. 
Nadie te hará daño mientras estés conmigo. 
Estrés conmigo, que tranquilidad fuera hay de sobra. 
Seguís diciendo que la vida es puta, pero las putas cobran. 
Aprendí todo lo que sé de mis libros, de mi padre, 
de las ostias que me di contra el parqué. 
Tropecé con la misma piedra hasta cansarme, 
por eso ahora de los golpes no recuerdo ni el por qué.
Defenderme de vosotros atacando.
Eso es lo que me gusta, eso es en lo que soy buena, arañando. 
Rascando entre vuestras corazas hasta encontrar un hueco por el que adentrarme, 
y hundir mis dedos en vuestros defectos hasta que salga sangre. 
Esto es o que pasa si a una niña buena 
le jodes la vida, le llamas de todo y le haces daño, que al final se rebela. 
Dios, me dais pena. 
¿Y os consideráis amigas? 
Consideraos artistas del engaño, porque por un día me creí vuestras mentiras. 
Pero que más da, ¿no? 
Yo no me arrepiento de haberme alejado dándoos una coz.

Al final siempre volvemos al principio, harta de las rimas me pasé a los ripios.
No soy esa niña buena que quería hacer las paces. Naces, luego te haces.

Juramientos. (Borrador)


Deberíamos dejar de preocuparnos por el tiempo y su tic tac, 
por el mundo y su Big Bang, por la mente o el cuerpo. 
Dejar de mirar atrás, parar de suspirar 
pensando que una vez fuimos perfectos. 
Deja que te diga lo que pienso, lo que escribo, lo que narro y lo que vivo, 
lo que en sueños me persigue y las pesadillas que me siguen… cuando no estoy dormido, 
por los sueños de madrugada, mis lágrimas almacenadas en la almohada y lo nunca fuimos.
Deja que coja aliento, que respire en este cemento que no para de asfixiarme por dentro. 
A veces solo siento que las sonrisas van por dentro 
y que cualquiera que lo niegue es que nunca ha tratado de llorar sin ser descubierto.
Nuestras partidas de ajedrez, nuestro mundo dando vueltas, 
ya no se si nos falta un tornillo o una tuerca. 
La gente ya no es solo ignorante, la gente es terca. 
Dispárame si quieres, pero nunca acertarás, porque nunca estás cerca.
Dando la vuelta a los problemas como si fueran monedas, 
apostarte la vida a cara o cruz es lo que te queda. 
Nunca me niegues que vivir cuesta. 
Cada día un peldaño más en esta escalera, y ya apesta.
Que te apuestas a que puedo ganarte cerrando los ojos. 
Las cosas complicadas dejaron de ser cerrojos 
cuando dejé de matar moscas a cañonazos. 
No es agradable ver mi mente echa pedazos.
Nada que decir, nada que hacer, 
nada por apostar, todo está por ver, déjame creer 
que algún día estarás tras esa puerta, 
esperando que te grite desde dentro que está abierta. 
Aparentemente miente pero no seas inocente: 
una sonrisa se ve en los ojos, no es los dientes.
Puedes ser un Joker con los labios, pero no con el corazón. 
Aquí nadie sonríe sin razón, o se arrepiente.
Cometimos errores, 
pero creo que el mayor de mis aciertos es saber que pudieron ser peores. 
No empeores situaciones con perdones que no sientes. 
No demores esperas que las penas a penas ya sienten. 
Sé consciente o mantente consciente, 
que la conciencia es la ciencia de aquellos que se arrepienten. 
No me dejes con la palabra en la boca, ni la miel en los labios. 
Ni con falsas sonrisas que al final solo hacen daño. 
Me trataste como basura, y quizá tuvieras razón. 
Me sentía una mierda, pero te dejé y ya me siento mejor. 
Me diste la espalda y eras quien la guardaba antaño, 
no me digas que no sé lo que es el daño. 
Llevo años llorando a solas por las noches, 
cuando ni mi sombra es testigo del derroche
de las lágrimas perdidas y los náufragos hundidos 
en tu mar de mentiras, entre sábanas de amores no correspondidos. 
No finjas que me dejaste marchar, 
porque ambos sabemos que me fui sin avisar.
Miénteme a los ojos si te atreves, 
si eres capaz de seguir firme viéndome llorar entre luces de burdeles. 
Acabé siendo como nadie esperaba, 
respondiendo a preguntas que nadie formulaba. 
¿Loca?
 Lo confieso. 
Estoy loca por un beso, majareta, pierdo la cabeza por volver a sentir eso. 
Tú no me dejaste fría, estaba muerta. 
No me mires así, que mi cuerpo no está en oferta. 
Esperaste a que salieran gusanos de mi cabeza, 
pero salieron mariposas que frente a tu inmadurez ya bostezan. 
Harta me tenías de tener que ser la buena, 
de parar cada pelea poniendo mis principios en cuarentena. 
Quizá fue la esencia de mi musa en potencia 
lo que hace que hoy tus cadenas cedan ante mi demencia.
No me preguntes por qué hago esto, 
por que escribo textos, 
porque no estoy serena y me conformo con mi mundo perfecto. 
No me fabriqué unas alas para estar anclada a un suelo de cemento, 
los mejores consejos los guardo aquí dentro.
La vida es efímera: no dejes nada al azar, nada para mañana. 
Nada en manos de la persona equivocada.
No juzgues por prejuicios, no mires con los ojos, sigue tus instintos 
y verás que el mundo es distinto. 
Dejé de creer en las personas cuando me demostraron 
que, como los animales, fueron amaestrados. 
Tras unas normas, uniformes, reglas y porqués. 
Dejamos de ser libres desde que somos bebés.
Mírame a los ojos y dime que te arrepientes, 
abre la boca y deja de hablarme entre dientes. 
Nadie dijo que fuera fácil amarte, 
solo esperaba no ser solo la siguiente. 
Otra en tu lista de conquistas. 
Te dejé mi corazón sangrando en el suelo, como pista. 
Aun así te despistas y piensas que hay cien tías mejores. 
Pero ninguna que sienta como yo sentí, y lloré.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Citizen of your nightmares

"Lo que no te mata te hace... diferente." El Joker

No necesito que me autorices ni analices mi vida
desde las raíces y trepando por mis ruinas.
La vida nos da lecciones porque somos aprendices,
amantes de deslices, de matices y mentiras. 

Creo en tu mirada más que en lo que dices o callas.
A pesar de los ojos empapados, no tiro la toalla.
Si el fin en esta vida es ser felices aprende de tus cicatrices.
Hay lecciones que no se aprenden hasta que el corazón estalla.


La belleza de cada detalle, el silencio de lo que callé,
el murmullo de la calle, las explicaciones que te negué.
Salidas de emergencia a los cristales de tus ojos.
Sentir la urgencia al ver mi corazón en números rojos.
El deseo de una lluvia de verano,
la impotencia de la caída de un hermano.
Tú solo agarra mi mano,
aférrate a lo bueno y olvida lo malo.
Si tú sufres yo sufro también,
por empatía, por amor, a veces no los distingo bien.
La pregunta puede que no sea qué, sino quién.
La respuesta puede que esté en tu corazón y no en tu sien.
Recuerdos del abrazo que nunca me diste.
Promesas que nunca cumpliste.
Hoy todo me suena a chiste. 
Dime por qué me perdiste, 
porque no puedes admitir que nunca fuimos, solo fuiste. 
Al final nada salió como dijiste.
Píntate los ojos, la cara, los labios, las uñas y el pelo, 
pero tu vida no saldrá del blanco y negro. 
Viviendo en una eterna escala de grises,
con sus sombras y matices,
sus disfraces y sus finales sin perdices.
Viendo como el tren se marcha y no puedo reaccionar.
Me sentaré en el andén a verlo marchar.
A estas alturas solo me importa una cosa, el paracaídas.
No he llegado hasta aquí para acabar con un acto suicida.
No me mires de ese modo, no me observes, no me midas.
No calcules mis movimientos, no pienso vivir a tu medida.

No necesito que me autorices ni analices mi vida
desde las raíces y trepando por mis ruinas.
La vida nos da lecciones porque somos aprendices,
amantes de deslices, de matices y mentiras. 

Creo en tu mirada más que en lo que dices o callas.
A pesar de los ojos empapados, no tiro la toalla.
Si el fin en esta vida es ser felices aprende de tus cicatrices.
Hay lecciones que no se aprenden hasta que el corazón estalla.


Sigo siendo yo desde que empecé con esto,
doce años honestos escribiendo textos y rellenando cuadernos.
Y todavía me da vergüenza admitir que esta mierda es mía,
y que sí, escribía cuando no dormía.
Quisiera vivir a lápiz para poder borrar mis errores,
corregir aquellas elecciones que pudieron ser mejores.
Aquellos fallos que se convirtieron en lastres.
Aquellas relaciones predestinadas al desastre.
Tú tan sastre de sonrisas, yo tan Joker de la vida.
Tú cosiendo, yo rajando.
Nunca encajaremos en la misma partida.
Tú tan perfeccionista y yo tan aleatorio.
Tú tan boda, yo tan velatorio.
Tú y tus decisiones, yo y un millón de cicatrices
Tú con tus maestros, yo y mis aprendices.
Quieres que te cuente lo que siento y lo que pienso,
pero si fuera sincera para echar a correr te faltaría tiempo.
No soy aquello que buscabas para no dormir,
pero tienes que aprender a vivir sin mí.
Jamás me perdiste porque nunca fui de tu propiedad.
Simplemente compartía mi tiempo contigo porque me veía capaz
de aceptarte a ti como me acepté a mí misma,
de verte reflejado en mí, como la luz de un prisma.
Deja de preocuparte por mí, no importa.
Cuando la muerte venga da igual lo que pase, la vida habrá sido corta.
No te preocupes por esta idiota,
si sus palabras no lo hicieron, tu cuchillo no seccionará mi arteria ahorta.
Loca, como siempre, y más que nunca, lo confieso.
Yo soy a la locura lo que un hueso al sabueso.
No intentes comprenderme, es el error más común,
pensar que tengo sentido común y que puedes entenderme.
 Nunca debiste quererme, no me merecía flores,
pero he de admitir que me merezco enemigos peores.
No llores por errores que ya nadie puede cambiar,
tú sigue mirando al cielo, aunque ya pasó nuestra estrella fugaz.
Y sí, rehice mi vida, te jode y no lo asimilas.
Te duele saber que estoy mejor ahora de lo que lo estuve en la vida.
Tú jamás entenderás como de la noche a la mañana me fui.
Pero yo tampoco entiendo por qué sigues ahí.
Dicen que intentas comprenderme, que quieres ayudarme.
Jamás serás la mano que agarre al caerme.
Dicen que no debo confiar en ti y que no me fie de tus palabras,
que eres como un perro, o muerdes o ladras.
Me trabajé la tierra del País de las Maravillas con esmero,
esperando que llegue el 1 de enero.
Esperando empezar de nuevo, empezar de cero.
Labré la tierra desde las raíces, con todos sus matices, pero aún espero.
 Y nada ocurre, el trabajo no obtiene recompensa.
Me dejé la espalda, el corazón y las manos, bajo la solana intensa.
Nada. Nada. Que el que nada no se ahoga.
Y no sé por qué a las  locas nos gustan tan poco las sogas…

No necesito que me autorices ni analices mi vida
desde las raíces y trepando por mis ruinas.
La vida nos da lecciones porque somos aprendices,
amantes de deslices, de matices y mentiras. 

Creo en tu mirada más que en lo que dices o callas.
A pesar de los ojos empapados, no tiro la toalla.
Si el fin en esta vida es ser felices aprende de tus cicatrices.
Hay lecciones que no se aprenden hasta que el corazón estalla.


"Si vas a hacer una montaña de cadáveres al menos hazlo de manera que llegues al cielo" Trono de Sangre.

"¡1000 puntos!¡Es para morirse de risa! ¡Volvemos a casa con el carro blindado, hemos ganado!" La vida es bella.


"Odio como me hablas y también tu aspecto. No soporto que lleves mi coche ni que me mires así. aborrezco esas botas que llevas y que leas mi pensamiento. Me repugna tanto lo que siento que hasta me sale la rima. Odio que me mientas y que tengas razón. Odio que alegres mi corazón, pero aún más que me hagas llorar. Odio no tenerte cerca y que no me hayas llamado, pero sobretodo odio no poder odiarte porque no te odio ni siquiera un poco, nada en absoluto." Diez razones para odiarte.

martes, 20 de noviembre de 2012

Tengo que irme.


Sigo  firme, como cada vez que me negué a rendirme. Como cuando no lloré al decirte: 
“Tengo que irme”. 
Y sigo en pie, nunca quise caer. Jamás aprenderé a ganar porque nunca supe perder.

Quisiste comprarme con palabras vacías, gestos secos.
El eco de lo que algún día pudo ser poesía.
Te equivocaste de estrategia, ya no soy esa cría
que no se decidía entre la bolsa y la vida.
¿Qué quieres oír? ¿Qué duele? Por supuesto que duele.
Una herida nunca deja de sangrar hasta que el individuo muere.
No soy pesimista, soy realista con razones.
Ya que me enamoré de la otra cara del As de corazones.
Siempre es un placer servirte de cubo de basura.
Cuanta más mierda echas, más me doy cuenta de que lo tuyo no tiene cura.
Jugamos con fuego y acabamos quemados.
Fue tu mechero, así que me considero tu legado.
Soy lo que fui más lo que quiero ser.
Eres parte de mí, pero no me defines tanto como crees.
Formas parte de mi pasado y mi memoria,
pero encontré la forma de huir, mi escapatoria.
Siempre es un placer oír tu versión de la historia.
La gente siempre te demuestra que puede ser escoria.
Ni morir por mí ni vivir conmigo. Algo falla.
Sé que algo no va bien, pero no tiro la toalla.
Me demostraste que un gusano podía convertirse en mariposa.
Pero que no cualquier capullo merece ser tratado como una rosa.
Te diré los motivos que tuve cuando te lo merezcas.
Sé que apuntaste al corazón, y créeme, pasó cerca.
Nunca quise hacerte daño, siempre quise tenerte a mi lado,
pero llegó el día en que todo se fue a la mierda.
Buscas culpables y yo harta de buscar excusas
te dije la verdad y me trataste como a un extraño.
Ya no seré tu pareja en el baile, nunca fui una ilusa
solo quise ser feliz, nunca hacerte daño.
No arriesgamos, nos rendimos, no hacemos nada. Sociedad vegetal.
Nos quejamos de jaulas de cristal, pero así vivimos.
Siendo testigos de un crimen contra nuestra propia libertad
que no es más que la ilusión de lo que nunca fuimos.
Buscamos salidas en esta pecera, hay muchos peces en el mar,
pero a la mitad los servirán como cena.
Aprendí a nadar a base de ahogarme una y otra vez.
Nadie me secó jamás las lágrimas que por ti lloré.
Los días de lluvia, los amaneceres de niebla,
la luna y su media sonrisa de burla, el sol que nunca calienta cuando tiemblas.
Ojalá el frío que siento no fuera por dentro.
No puedo calentar un corazón hecho astillas de tanto tocar madera. 
Tú y tu manía de romperme los esquemas y desarmarme con dos palabras que ni siquiera sé si son sinceras.
Tú y tus poemas escritos a la luz de una vela que alumbra cuando callas, ya que cuando hablas tu aliento hace que se mueva.
Yo y mis metáforas, tú y tus ideales,
yo y mis principios, tú y tus finales.
Tú tan buenos días y yo tan buenas noches.
Tú el egoísmo y yo el derroche.
O sudas de mí, o por mí o conmigo.
Tengo más en común con mis enemigos que con mis propios amigos.
Quizá tengas razón y esto solo sea un sueño,
pero mientras me despierto viviré como si fuera a acabar muerto.

Sigo  firme, como cada vez que me negué a rendirme. Como cuando no lloré al decirte: 
“Tengo que irme”. 
Y sigo en pie, nunca quise caer. Jamás aprenderé a ganar porque nunca supe perder.

Se acabaron las estrofas y los versos en flor.
Voy a clavar en el pecho de cada capullo una clave de sol.
Me criticaste por seguir a mi corazón antes que a mi cabeza.
Por preferir un futuro mejor a una vida limando asperezas.  
Tú reza a tu Dios, pero pregúntate mientras lloras
por qué sigues solo y ¿dónde está tu Dios ahora?
Sigue con la rutina de mojarte la retina
con verdades que son mentiras y amigas que son unas cretinas.
Sigue en tus trece, que así el orgullo se crece
y nada  importa con quien tropieces, la vida es “Pisa siempre, y dos veces si se lo merece”.
Un invierno frío con sus labios cortados,
un otoño amargo, quemaduras en verano.
Demasiados capullos haciéndose pasar por flores.
Cada año espero que esta estampa mejore.
Sé que quizás di demasiado para no recibir nada a cambio
Sois la razón de que soñar me de cansancio
Siempre fui amante de las causas perdidas
A las heridas en vez de echar alcohol, les eché saliva, y así van.
Cada día con peor aspecto, y no cicatrizan,
quizá por el miedo a olvidar lo que significan
Tal vez algún día mire atrás y sonría,
Por ahora si giro la cabeza, sé que estoy perdida.
Recordar épocas felices: la infancia y sus deslices.
Soy demasiado mala actriz para todo lo que he tenido que actuar.
No te esclavices de las sonrisas y sus matices.
Nunca sale nada bueno de unos ojos que no saben llorar.
Mirada al frente, vista alta, hombros erguidos, adiós a la cabeza gacha.
Y a campar por la vida a mis anchas.
No seré la niña buena que idolatraba a falsos dioses,
sino la que te susurra la verdad  a voces.
Si esperabas un minuto de silencio, puedes esperar sentada.
Nunca salió nada bueno de una mujer callada.
Te abriste paso hasta mi corazón como un cuchillo,
llegaste más adentro que nadie, por eso chillo.
Me calaste hasta los huesos, me amordazaste entre tus besos,
me robaste mis versos, mi musa y mis recuerdos. 
Se podría decir que sufro el síndrome de Estocolmo.
Tú atándome a tu cama y yo gritando socorro.
Me decías que me querías y hoy ya no te reconozco ni a un palmo.
Y encima fue mi culpa, ¿no? Esto es el colmo.

Sigo  firme, como cada vez que me negué a rendirme. Como cuando no lloré al decirte: 
“Tengo que irme”. 
Y sigo en pie, nunca quise caer. Jamás aprenderé a ganar porque nunca supe perder.

Me voy.